A partir de 1891, inspirado por el respeto al individuo
que hay en cada hombre, reclama la creación de
una enseñanza universitaria obrera; en 1906 funda
la Sociedad de Deportes Populares; en 1921 edita un opúsculo
sobre las universidades obreras; en 1922 publica un estudio
titulado «Entre dos batallas: del Olimpismo a la
Universidad Obrera», seguido en 1923 por una memoria
sobre «la instrucción superior de los trabajadores
manuales y la organización de las universidades
obreras»; después de 1925 consigue hacer
establecer el reglamento de la Universidad Obrera a través
de los trabajos de la Unión Pedagógica Universal
sobre la enseñanza secundaria.
Ya en 1917, en Lausana, Coubertin había reclamado
la institución en cada ciudad de una «Universidad
Popular» dedicada a la cultura general, con exclusión
de toda formación profesional.
Durante su estancia en esta ciudad suiza, la Casa del
Pueblo recibió el estímulo de su presencia
y dio muestras de una gran actividad intelectual. Se comprende
entonces el fervor que anima esta reflexión de
Pierre de Coubertin: «No estamos en este mundo para
vivir nuestra vida, sino la de los otros. Las mayores
alegrías, por otra parte, no son las que nosotros
mismos gozamos, sino las que procuramos a los demás».
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